Arpillera “Autorretrato, Salida a la playa”. Por Tamara Sol Farías (2016)

“El derecho a la educación es fundamental para salir de situaciones de marginalidad en las cuales se encuentra la gran mayoría de las y los recluidas/os”

Entrevistamos a la abogada María Alicia Salinero Rates acerca del taller que desarrolla en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago, intitulado “Aprendo y enseño mis derechos”

Por Samuel Grillo, de la CLADE

María Alicia Salinero Rates, abogada con maestría en Derecho Público por la Universidad Albert-Ludwig, Alemania, imparte actualmente en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín en Santiago, Chile, el taller “Aprendo y enseño mis derechos”, actividad por la cual se comparten con las reclusas conocimientos sobre legislación y derechos con miras a que las mismas tengan instrumentos para luchar por la realización de sus derechos, entre ellos el acceso al arte y a la educación en los contextos de encierro.

Asimismo, María Alicia participa como voluntaria en el taller “Mujeres, memorias y arpilleras”, que se desarrolla en el mismo Centro Penitenciario, utilizando la técnica de “arpilleras”, la cual, desde la dictadura de Pinochet, ha sido utilizada por mujeres presas como instrumento de denuncia y fuente de ingresos. “Las actividades culturales permiten el disfrute y la emoción que muchas veces la opinión pública y el sistema creen que no tienen derecho a sentir las reclusas”, afirma la abogada y educadora sobre esta actividad.

El taller es una iniciativa de la Colectiva “Retazos”, que promueve espacios de reflexión, expresión y diálogo entre mujeres, a partir de la elaboración de arpilleras y su posterior transformación en lindos postales, como forma de obtener ingresos y divulgar la iniciativa. “Somos una agrupación interdisciplinaria de mujeres, nos organizamos mediante aprendizajes colectivos y auto-gestión para intervenir en los espacios de privación de libertad de otras mujeres, a través de la escucha mutua en torno a nuestras memorias. Construimos instancias de reflexión grupal respecto a la violencia de género y nuestra situación como mujeres en el mundo, mediante la creación de arpilleras como herramienta crítica de expresión”, se define el grupo en las postales.

Lea abajo la entrevista completa y conozca algunas de las postales que resultaron del taller de arpilleras.

¿Dónde viene idea del taller “Aprendo y enseño mis derechos”?

Mi primera aproximación a la necesidad de educación de las personas privadas de libertad surgió cuando hacía mi práctica profesional en un tribunal criminal del sistema antiguo de justicia penal (sistema inquisitivo en el cual el mismo juez investigaba, acusaba y juzgaba). Veía cómo constantemente las personas que estaban siendo enjuiciadas y privadas de libertad eran notificadas de resoluciones judiciales que afectaban a sus derechos sin tener ningún tipo de conocimiento de qué estaba pasando realmente con ellas. Se les decía “firma aquí” y eso era todo. Esa situación me pareció enormemente angustiante para quien se encontraba en ella. Era como estar siendo juzgado en otro planeta.

Desde entonces, la educación en derechos me pareció fundamental, sobretodo para personas ya condenadas y privadas de libertad, pues normalmente se tiene la creencia de que el hecho de ser condenada priva a la persona de todos sus derechos (como si la misma dejara de ser titular de derechos). Ello trae como consecuencia una permanente violación de derechos: si no conozco mis derechos, no puedo darme cuenta de que los están vulnerando, y entonces no reclamo ante las instancias correspondientes y las prácticas vulneratorias permanecen impunes y se siguen repitiendo. Esto resulta especialmente grave en contextos de encierro, donde las personas se encuentran en una situación de sujeción absoluta hacia la autoridad, de la cual dependen para la satisfacción de todas sus necesidades, desde las más básicas.

El taller “Aprendo y enseño mis derechos” surgió de la experiencia en la realización de otros talleres de igual contenido que realicé antes como funcionaria de la Defensoría Penal Pública. Estos talleres, dirigidos también a personas condenadas y privadas de libertad, se realizaban a un gran número de personas (30 a 50), y en un tiempo muy corto (normalmente una hora) se les enseñaba todo lo que fuera posible. Yo me preguntaba cómo podían entender todo lo que les estábamos enseñando si a las y los estudiantes de las carreras de derecho el mismo contenido se les entregaba en un tiempo mayor; era como lanzarles un “ladrillo” jurídico, que te pega en la cabeza y te deja aturdido más que informado.

Entonces pensé en un taller con un grupo reducido de personas, que tratara esos temas, pero en varias clases, de tal manera que los conocimientos fueran realmente aprehendidos. Además, que se dirigiera a las personas de las secciones consideradas “malas secciones” por la autoridad penitenciaria, en términos de personas que registran más sanciones disciplinarias y, por ende, de peor conducta, ya que normalmente éstas personas no son llevadas a las charlas de derechos ni participan en muchos talleres.

Arpillera “La mujer que admiramos, Louise Michel”. Por Tamara Sol Farias (2015)

Arpillera “La mujer que admiramos, Louise Michel”. Por Tamara Sol Farias (2015)

¿Qué se enseña en el taller?

Está dirigido a enseñarles a las mujeres, en primer lugar, que siguen siendo personas y que su dignidad debe ser respetada y ello significa, ante todo, que la condena no las priva de sus derechos, y que, en su calidad de condenadas, tienen además otros derechos.

Específicamente se les enseña sobre instrumentos de reinserción social que permiten un regreso paulatino al medio libre: libertad condicional y rebaja de condena. Se les enseña qué son estos instrumentos; qué requisitos deben cumplir para obtenerlos; quiénes pueden postular a ellos y quienes no; qué obligaciones deben cumplir si los obtienen; qué autoridad es la que resuelve otorgarlos, denegarlos o revocarlos; y algo fundamental: qué pueden hacer si les son denegados o revocados.

Este último es fundamental ya que normalmente las personas condenadas creen que lo único que pueden hacer frente a una respuesta negativa es esperar a ser postulados nuevamente, desconociendo su derecho de acceso a la justicia, esto es, que pueden reclamar ante los tribunales de justicia para que esa decisión sea revisada y, en su caso, modificada.

¿Cuáles son sus resultados hasta ahora?

Hasta ahora se han realizado dos talleres. El primero se centró en mujeres con mala conducta y de las secciones consideradas peores por la autoridad penitenciaria. El segundo taller, aun en curso, se imparte a la sección católica, con internas de mayor nivel educacional. En total han participado aproximadamente de 25 a 30 internas.

Los resultados han sido positivos:

1. Las mujeres han tomado conciencia de que son sujetos de derechos y que pueden hacer muchas cosas cuando sus peticiones son denegadas, es decir, que se puede recurrir a tribunales y que la autoridad penitenciaria no está exenta de control jurisdiccional.

2. Las mujeres han corregido conocimientos errados respecto a estos instrumentos de reinserción social. Por ejemplo, en el caso de la libertad condicional suelen decir que “la casa (la autoridad penitenciaria) me regala un año para salir antes”, en circunstancias que se trata de disposiciones legales. Han aprendido que no se trata de un regalo sino que de un derecho que ellas tienen y que nadie les está regalando algo (un regalo se recibe, pero un derecho se ejerce).

3. Se ha producido espontáneamente una transferencia de conocimientos ya que las mujeres del taller le enseñan a sus compañeras y se empoderan en dicho rol al señalar, por ejemplo: “como no lo voy a saber si yo asisto al taller de derechos”.

4. No solo se produce una educación sobre los derechos humanos, sino que por medio de los derechos humanos se establecen ciertas condiciones que generan tolerancia y escucha hacia el resto (por ejemplo, el levantar la mano antes de hablar, el escuchar a la otra, etc.)

5. Se designaron 2 ayudantes del primer taller y esto es un resultado súper positivo, porque sienten que tienen un conocimiento que compartir y se involucran en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este sentido, la educación permite la apertura de una serie de vínculos nuevos que visibilizan capacidades que han estado invisibilizadas por la homogenización de la vida carcelaria.

Detalle de Arpillera “Aquello que nos une”. Por Ana Irigoyen (2016)

Detalle de Arpillera “Aquello que nos une”. Por Ana Irigoyen (2016)

Usted le ha dado seguimiento también como voluntaria al taller “Mujeres, memorias y arpilleras”? ¿Cómo se desarrolla esta actividad y por qué enfoca las mujeres?, ¿Qué ha motivado la elección de la técnica de arpilleras?

El taller de arpilleras es uno entre muchos otros talleres que desde la sociedad civil expresan la preocupación por este colectivo vulnerabilizado. La técnica de arpilleras tiene un vínculo con procesos de resistencia en nuestro país, desde Violeta Parra, que hizo arpilleras, hasta la comunidad de arpilleras de presas políticas para la resistencia a la dictadura de Pinochet, que no sólo eran un instrumento de denuncia, sino que también una fuente de ingresos.

Lo más interesante de estos talleres, entre los cuales están el de derechos y otros de deporte, sexualidad, literatura, entre otros, es que ponen de manifiesto la disposición por aprender y no hacer de la vida en la cárcel un tiempo muerto, sino que permite el empoderamiento y el desarrollo de cada mujer.

Aquí hay que relevar la importancia de los vínculos respecto al derecho a la educación, ya que el derecho a la educación es social no solo en términos de categorización, sino que implica la educación en relación a otros. Por ejemplo, las mujeres recluidas en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago, donde se desarrolla el taller de derechos, participaron hace unos meses atrás en un encuentro local del proceso constituyente, que se está llevando a cabo en Chile para una nueva constitución. Este encuentro mostró, como una de las principales preocupaciones de las reclusas, no solo su educación, sino sobre todo la de quienes dependen de ellas – sus hijas/os y familiares.

Arpillera “Lo que nos une, nuestro taller de arpillería”. Por Susana Ahumada (2016)

Arpillera “Lo que nos une, nuestro taller de arpillería”. Por Susana Ahumada (2016)

¿Cómo la práctica y el disfrute de actividades culturales y artísticas influyen en las condiciones de vida en las cárceles?

Todas las actividades que se realizan en la cárcel, incluso aquellas que no se realizan mediante el arte, mejoran las condiciones de vida en las cárceles porque:

1. Permiten combatir el ocio, que en estos espacios no es una fuente de creatividad.

2. Permiten compartir experiencias de vida y hablar de situaciones que son muy difíciles de expresar, como historias de abuso por ejemplo.

3. Generan motivación a participar y organizar actividades al interior de los talleres, a colaborar y a compartir.

4. Generan hábitos de responsabilidad.

5. Permiten olvidar por algún momento el lugar donde se está, aliviando y descomprimiendo el encierro.

6. Permiten desarrollar deseos e ideas en vinculación con otras y otros y entre ellas, aunque solo sea por el disfrute, emoción que muchas veces la opinión pública y el sistema creen que no tienen derecho a sentir las reclusas, como si la privación de libertad no fuese una pena suficiente.

7. Además, no hay que olvidar que muchas mujeres recluidas son excluidas de sus familias y estas actividades pueden conformar un soporte emocional y lúdico.

¿Qué tipo de apoyo y/o recursos necesitas para mejorar la realización de tu trabajo?

Como abogada de profesión no tengo en mi formación herramientas pedagógicas ni didácticas y me he visto obligada a buscarlas, a ser autodidacta en esto. Esos son los recursos que más he necesitado. Producto de ello me encuentro cursando actualmente un diplomado de educación en derechos humanos, dirigido a profesionales que se dedican a educar en esta temática y que contempla justamente dichas herramientas.

Por otra parte, estas actividades normalmente son voluntarias y, junto con no recibir las/os profesionales remuneración, alguna por ellas generan gastos en materiales, transporte, etc., lo que limita las posibilidades de que muchas/os profesionales interesadas/os en estos temas puedan dedicarse a ellos. Con ello, se reducen las posibilidades de proyectar una educación en derechos que pudiera llegar a más personas privadas de libertad.

¿Qué te gusta y qué cambiarías en la educación en contextos de encierro hoy en día?

Lo que me gusta respecto al trabajo que hago es sentir que puedes entregar conocimiento muy valioso para las personas recluidas, el que impacta directamente en sus posibilidades de cumplir su condena en libertad. Especialmente en el caso de las mujeres, esto es muy relevante ya que la gran mayoría tiene hijos y estos quedan al cuidado de otros, o los mayores se hacen cargo de los pequeños. Generalmente esto conduce a la reproducción de los patrones delictivos (los hijos se ven obligados a ingresar al mundo delictivo). Para una mujer, el cumplir su condena o parte de ella en libertad es fundamental para el cuidado de sus hijos.

De otra parte, creo que se requieren profesionales con conocimientos especiales para la educación de personas adultas, que muchas veces tienen no solo problemas de aprendizaje, sino que también de adicciones, historial de abusos, y que se encuentran en un lugar encerradas y en muy malas condiciones, lo que les produce ansiedad y genera violencia, entre otros problemas. Todo esto influye en las condiciones y posibilidades de aprendizaje. Se requiere contar con equipos multidisciplinarios, con técnicas de aprendizaje más participativas e innovadoras, que despierten el interés de las personas adultas por aprender.

Arpillera “Autorretrato, Pescando en el océano”. Por Laurentina Contreras (2016)

Arpillera “Autorretrato, Pescando en el océano”. Por Laurentina Contreras (2016)

¿Qué recomiendas para que este tipo de iniciativa de promoción del derecho a la cultura y a la educación en contextos de encierro sea más pertinente y relevante en tu país?

Creo que es fundamental que se tome conciencia, por parte de las autoridades y de la ciudadanía, que:

1. La privación de libertad no priva a la persona de todos sus derechos, es decir, no la priva del derecho a la educación.

2. Que el derecho a la educación es fundamental para salir de situaciones de marginalidad en las cuales se encuentra la gran mayoría de las y los recluidas/os.

3. Que el contexto de reclusión coloca a la persona en una dependencia absoluta frente al Estado y que, por lo tanto, para evitar o reparar situaciones de vulneración de derechos, es indispensable que las personas recluidas conozcan sus derechos. Ello es relevante para combatir, entre otras cosas, la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes que pudieran darse en las cárceles.

En resumen, es importante insistir en que la persona recluida sigue siendo persona y, por tanto, titular de derechos y que, en los contextos de encierro, donde el riesgo de sufrir agresiones a la integridad física y síquica es mayor, la educación se erige como una herramienta eficaz para evitar conductas de ese tipo o reparar las vulneraciones producidas, rompiendo con el círculo de la violencia.

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