Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil

“La formación docente es un elemento clave para superar la discriminación racial”

19/12/2017

En entrevista al OREI, Vicenta Camusso, coordinadora de la región Cono Sur de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, comenta las políticas de igualdad étnico-racial y el derecho a la educación para la población afrodescendiente en América Latina y el Caribe. “Un gran desafío es cambiar la formación docente porque los aspectos vinculados al racismo y sus efectos sociales, psicológicos y económicos en la vida de las personas no están tan incorporados a sus procesos de formación”, señala.

Asimismo, analiza la relevancia del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024), proclamado por la Asamblea General de la ONU, en lo que refiere al fortalecimiento de las demandas de esta población por políticas de inclusión y de igualdad. “El Decenio es un momento importante principalmente para las personas y organizaciones afrodescendientes para proponer, demandar y revisar las políticas  públicas  enfocadas a la población afrodescendiente. Sin embargo, lamentablemente, el Decenio está pasando sin mucho interés por parte de otros actores sociales y de los propios Estados”, afirma.

Dieciséis años después de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Durban (Sudáfrica) en el 2001, ¿qué balance se puede hacer respecto al desarrollo de políticas de igualdad étnico-racial en América Latina y el Caribe?

En términos generales, hubo avances legislativos, particularmente en países como Uruguay y Brasil. Pero, todavía falta un camino por recorrer en otros países de la región, como Argentina, Chile y Paraguay.

Me refiero a las legislaciones contra la discriminación racial y xenofobia que son resultados del proceso de Durban y también de otros procesos regionales en defensa de los derechos de la población afrodescendiente. Hay también programas y políticas específicos como las cuotas y acciones afirmativas que representan avances.

En términos educativos, el mejor ejemplo en la región está en Brasil con la política de cuotas para que estudiantes afrodescendientes ingresen a las universidades. Ya en los otros países eso todavía está muy retrasado. En Uruguay, por ejemplo, se ha empezado a experimentar una política de cuotas, pero con poco impacto hasta el momento.

Un aspecto preocupante de la educación secundaria en nuestra región es la cantidad de jóvenes que están fuera de la escuela. Según datos de Unicef, 2,8 millones de adolescentes y jóvenes afrodescendientes están entre los grupos en mayor riesgo de exclusión o rezago escolar. Los movimientos sociales siguen alertando para los efectos del racismo, de la exclusión social y de la violencia en la vulneración del derecho a la educación y de otros derechos. ¿Qué análisis nos puede hacer sobre los retos para asegurar políticas de igualdad para la juventud?

Son muchos los desafíos. Una cuestión estructural es la reducción de los niveles de pobreza en la población afrodescendiente. Creo que este es un elemento clave para que la familia pueda acompañar al adolescente en su proceso de estudios. Si la familia no tiene elementos básicos para alimentar a sus hijos, es más posible que ese chico abandone los estudios para salir a buscar trabajo u otras formas de obtener subsistencia. Vivir en barrios marginales también afecta al desempeño de estos jóvenes. Es necesario romper las barreras económicas, y por ende sociales, en torno a las familias afrodescendientes y sus hijos.

Por otro lado, otro gran desafío es cambiar la formación docente porque los aspectos vinculados al racismo y sus efectos sociales, psicológicos y económicos en la vida de las personas no están tan incorporados a sus procesos de formación. Una consecuencia es que no se  evidencian los efectos de ciertas observaciones de los propios pares sobre donde viven o los entornos de donde viven los estudiantes afrodescendientes. Situaciones que se transmiten desde la primera infancia y, sin duda, traen efectos muy negativos hasta la secundaria.

La pobreza, la marginalidad y la exclusión en los propios centros de educación son formas de violencia. En términos de políticas públicas, pienso que el reto es tener miradas más integrales sobre este tema y que se implementen sanciones cuando las políticas para esta población no se cumplan. Tenemos las legislaciones sobre la discriminación racial y de promoción de igualdad, pero algunas situaciones persisten porque no hay sanciones.

 ¿En relación a la igualdad de género y el derecho a la educación, cuáles son los desafíos que aún persisten en la región para garantizar la formación de las niñas y mujeres afrodescendientes?

Debemos señalar la alta deserción de las niñas a muy temprana edad de los centros educativos en toda la región, que muchas veces está vinculado a la maternidad precoz y a los entornos de violencia.

Creo que sería importante desarrollar políticas de estímulo para la integración de estas niñas y jóvenes a los sistemas educativos formales, con oferta de becas diferenciales y horarios flexibles, por ejemplo. Sabemos que muchas de estas niñas y adolescentes trabajan desde muy temprana edad y fundamentalmente en servicios domésticos. Es necesario que los centros educativos puedan sostener su educación formal y estimulen esta población, que además es la más pobre, a permanecer en estos espacios. Creo que se deberían desarrollar metodologías educativas para promover esta inclusión, que trabajen la autoestima de estas personas, que ofrezcan otros modelos de formación, apoyando las jóvenes y las mujeres que trabajan 8 o 12 horas por día en una casa de familia a sostener su aprendizaje.

Cuando mencionas la importancia de la autoestima, pienso en la experiencia de Brasil que tiene una legislación que establece la enseñanza de historia y cultura africanas en las instituciones educativas. A pesar de ello, se reconoce que estos contenidos ni siempre son valorados en las clases y el conocimiento sobre la historia de la población africana permanece en un lugar de invisibilidad.

La escuela no trabaja con estos conocimientos sobre la historia de África, pero también con el conocimiento de las culturas más cercanas a nosotros y que configuran la historia de cada uno de los países con sus diferentes expresiones. Una de las cuestiones que sucede acá en Uruguay – y en otros países también – es que las constituciones de los Estados parten de una base de igualdad que no es real. A lo largo de los siglos, esta invisibilidad permaneció y se profundizó, encontrando incluso la resistencia de las profesoras y profesores. Por ello insisto que la formación de los profesores y de las profesoras es clave. Ellos/as deben tener ese conocimiento y debe ser obligatorio llevarlo a las clases.

¿Cuál es la importancia del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024), proclamado por la Asamblea General de la ONU? ¿Podría comentar que tipo de iniciativas y debates los Estados y los movimientos sociales están impulsando en nuestra región? 

El Decenio es un momento importante principalmente para las personas y organizaciones afrodescendientes para proponer, demandar y revisar las políticas para esta población. Sin embargo, lamentablemente, el Decenio está pasando sin mucho interés por parte de otros actores sociales y de los propios Estados.

A su vez, las organizaciones afrodescendientes están colocando cuestiones importantes en las iniciativas regionales impulsadas por la sociedad civil sobre las temáticas de género, de salud, de economía y también para promover la articulación con la Nueva Agenda de Desarrollo Sostenible, que todavía no dialoga con los compromisos del Decenio.

En la Agenda de Desarrollo Sostenible hay solamente una meta, dentro de un objetivo muy general, que menciona específicamente los afrodescendientes. Los sistemas de las Naciones Unidas y los Estados afirman que el tema está presente de manera transversal. Esto puede llegar a ser una verdad declarativa, aunque no permita que se desarrollen actividades que contribuyan al alcance de estos objetivos también por parte de esta población. Esto venimos revisando hace bastante tiempo y ya lo hemos dicho en distintos espacios internacionales. Ya no había este diálogo en el proceso los Objetivos del Milenio e ahora se vuelve a producir la misma situación.

Creo que eso pasa por lineamientos políticos y también por posturas técnicas en la elaboración de estos documentos. Queda evidente que no se reconoce el racismo como un problema de millones de personas. Por supuesto hay una cuestión política muy de fondo y mi análisis personal es que esto tiene que ver especialmente con posibles impactos económicos. En América Latina, hombres y mujeres afrodescendientes son los que tienen los peores trabajos, con mayor carga horaria y con menores salarios. En tanto esto cambie, todas las estructuras de las economías de los países van a cambiar. Estos aspectos estructurales no han permitido cambios en más de 500 años de nuestra historia. Lo que se puede decir es que hay una omisión técnica y una circunstancia política que lleva a esa falta de articulación entre las dos agendas internacionales.

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