La llave de la reinserción

Silvia Fernández se para delante de 20 presos a los que dará una clase de Geografía en un salón en el Penal de Libertad. Algunos cursan primero de liceo y otros, tercero. Les pide que se agrupen. De repente ve a Julio, gorro de visera y lentes de sol, aislado en un rincón del salón, sin emitir palabra. Cuando se acerca y le ofrece ayuda, él se saca los lentes y se disculpa. “Profe, recién vengo para acá. Estuve 19 años en el otro edificio. Siento como que estoy viendo una película”, dice, y se le humedecen los ojos. A pesar de estar acreditado para terminar el liceo, Julio es analfabeto por desuso; con 38 años de edad, pasó más de la mitad de su vida sin leer.

Al día siguiente, la profesora vuelve a verlo trabajando en la huerta, a unos metros del salón. Al pasar junto a él, Julio le pregunta si le puede traer algo de la calle. “Cigarrillos”, piensa ella. Pero no: le pide un abecedario, para empezar a armar palabras. Fernández queda boquiabierta.

“Muchos presos no se creen lo suficientemente capaces como para volver a agarrar un lápiz y son pocos los que tienen la voluntad de estudiar para luego insertarse en el mundo laboral. Para estos, estudiar es la oportunidad de volver a vivir”, asegura Fernández, que además de dar clases en el Penal de Libertad es coordinadora educativa en el Comcar.

El País – 25/03/2017 

¿Qué te pareció este contenido?

Conoce la política sobre los comentarios o textos publicados en este sitio