Foto: Say No Unite

Pensando sobre el papel del arte en la Educación Inclusiva, por Tere Quintanilla  

Hace 14 años fundé el Instituto Mexicano del Arte al Servicio de la Educación (IMASE), y desde el trabajo que he realizado ahí, es que les comparto algunas reflexiones y cuestionamientos respecto el papel del arte en la educación inclusiva.

En el IMASE, trabajamos para que las herramientas que brinda el proceso de creación sean incluidas en el proceso educativo, en el proceso de formación de una ciudadanía imaginativa, propositiva, comprometida… consigo misma, con su entorno, con sus comunidades. Es desde ahí que exploramos respuestas a ese cuestionamiento: ¿Para qué sirve un artista, el producto artístico, el quehacer artístico en una sociedad que grita cambio y transformación?

Actualmente, el arte tiene una fuerte intervención desde sus productos. Si yo les pregunto a ustedes qué vinculación tienen con el arte, ¿qué responderían?

La parte del arte que es visible para todos es el producto artístico, el cual sabemos es realizado por personas que llamamos artistas. El producto nos puede llamar la atención, nos puede gustar, nos puede hacer sentir bien… o no, y yo me pregunto ¿qué aporta un producto artístico?

La política cultural en México está enfocada a la producción masiva de productos artísticos, o sea, no importa para qué sirven, no importa si la gente tiene acceso, ni si podemos aprender algo con ellos… eso no es relevante. “Hay que producir arte”… y en México al menos, el recurso cultural que sí ejercen en cultura, lo hacen para la producción, dejando de lado otras posibilidades…

En la educación, está excluido el proceso de creación. Quienes lo viven, – y yo me preguntaría como lo viven -, son quienes crean algún producto artístico.

En la educación básica, por ejemplo, en los tiempos asignados para la enseñanza de las artes, los alumnos que tienen la oportunidad de aprender música, danza, teatro o artes visuales, supondría yo que deberían estar cercanos al proceso de creación artístico… pero la realidad es que en la mayoría de los casos están más bien cercanos al aprendizaje de una técnica artística y a la ejecución de la misma. Y es ahí donde hago evidente un gran desperdicio de su potencial.

El arte brinda más ingredientes. Nos brindan pistas, reflexiones y herramientas para transformar la manera en la que nos relacionamos y construimos con el otro, la manera de ver y vivir nuestra realidad… nos brinda ingredientes que son excluidos de los planes y programas educativos, del entorno educativo, de las prácticas de formación del sujeto social.

Estamos alejados de la creación de experiencias creativas-formativas. No sé en cuantas escuelas se fomenten las experiencias imaginativas y creativas en la práctica diaria… y no me refiero solamente a las “clases de arte”, sino en el entorno educativo en general.

Estamos excluidos de imaginar nuevas realidades posibles…, estamos excluidos de observar cómo el proceso de creación nos construye como ciudadanos, como individuos, como sujetos sociales. No sabemos cómo reflexionar sobre lo que observamos, vivimos y descubrimos durante los procesos de aprendizaje. Somos excluidos de tomar consciencia de cómo se da el aprendizaje, de identificar cuales son los ingredientes que a este fin aporta el proceso de creación, cuáles son los ingredientes que pueden enriquecer el proceso educativo, cuáles de estos ingredientes pueden aportar en el proceso de construcción social…

El quehacer educativo está tan preocupado por los productos, los resultados, las calificaciones, que no nos permite reconocer los ingredientes con los que se puede aprender a imaginar… y a hacer de la imaginación una herramienta viva y potencializadora de nuestro proceso de aprendizaje.

Me pregunto qué pasa, por ejemplo, cuando en una escuela presenciamos un concierto de música, una obra de teatro o una presentación de danza. ¿Qué nos produce? ¿Qué pensamos? ¿Qué recordamos? ¿Qué nos significa? ¿Qué nos pasó al presenciar dichos trabajos artísticos?

Puedo ver un trabajo artístico de buena o mala calidad pero… ¿Qué tiene que ver esa presentación con la inclusión? ¿Qué beneficio brinda a los interpretes? ¿Por qué y para qué se realiza esa presentación? ¿De qué manera es incluida en el programa escolar? ¿Qué participación tenemos como espectadores en el proceso de creación?

Me pregunto también cuál es el proceso de aprendizaje y dominio de la técnica de quienes están presentando ese producto artístico. ¿Será que por dar funciones a públicos estudiantiles podemos hablar de inclusión de las artes en la educación? ¿De qué manera su participación como artistas los hace ciudadanos con una actitud incluyente?

La esencia social del arte es excluida de los procesos de enseñanza y de los procesos de desarrollo social. Los productos artísticos son productos de entretenimiento y distracción, de acompañamiento momentáneo, de expresión de unos cuantos y por uno corto período de tiempo. O incluso, de exhibición lujosa de “quién es culto”. ¿Dónde queda la parte del arte que nos lleva a imaginar nuevas posibilidades, a descubrir nuevas miradas para conocernos y comprendernos, a cuestionar y reflexionar para proponer y crear en colectividad nuevas posibilidades de interacción con el otro, con nuestro entorno, con nuestra comunidad?

Activar la imaginación es una de las principales fortalezas que el proceso de creación artístico brinda a la formación integral de los individuos. Con esto no se nace, así como tampoco se activa por azares del destino, ni por genética. La imaginación y el proceso de creación se pueden “educar”, esto puede ser formado a la par de la construcción del conocimiento…, y mientras no tengamos docentes cultivados en un proceso imaginativo, va a ser muy complicado transformar las realidades en las que vivimos, así como será muy complicado que las nuevas generaciones sean colaborativas, incluyentes y participantes de una genuina construcción de paz.

Si logramos generar relaciones incluyentes, a través de múltiples formas y con múltiples miradas, con perspectivas diversas e integrales, estaremos adentrándonos en el sendero que nos acompañará hacia la equidad para transformar nuestra realidad.

Testimonio de Tere Quintanilla en el marco del lanzamiento del Observatorio Regional de Educación Inclusiva en el 28 de abril de 2015, en Honduras. Tere Quintanilla es miembro de la coalición Incidencia Civil en Educación (ICE) en México

¿Qué te pareció este contenido?

Conoce la política sobre los comentarios o textos publicados en este sitio