Foto: ACT Alliance
Foto: ACT Alliance

Dignité: la urgencia de una educación para todos y todas en Haití

Por Nelsy Lizarazo

He visto el documental Dignité: el Derecho Humano a la Educación en Haití, producido por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) y la Reagrupación por la Educación para Todos y Todas, de Haití, tres veces. Mejor, lo he sentido cuatro veces. A través de las imágenes, las voces y testimonios, los datos que nos entrega, los muchos rostros y expresiones que lo llenan, he sentido indignación, certeza y esperanza.

El mundo “libre” no le ha perdonado a Haití haber tenido la osadía de ser el primer país independiente de estas tierras americanas, sometidas a la fuerza. Sigue pagando ese atrevimiento hasta el día de hoy y de muchos modos. Uno de ellos, la escandalosa brecha existente en el ejercicio pleno del derecho a la educación para todos y todas:

  • Solamente un aproximado 50% de niños y niñas en edad escolar, están matriculados/as, aunque la ley establece la escuela obligatoria.
  • El 88% de las escuelas son privadas, lo que deja el campo de la escuela pública en un porcentaje mínimo y, evidentemente, aumenta la exclusión y profundiza las brechas más allá de la educación misma. La precariedad de las condiciones de vida y empleo en las familias hace imposible que cubran los costos, por bajos que sean, de una educación privada.
  •  El número de docentes es insuficiente en términos absolutos, reciben salarios indignos (y muchas veces no los reciben), sus oportunidades de cualificarse y profesionalizarse son limitadas.

Al mismo tiempo, no existe un marco normativo, ni políticas claras que apunten al fortalecimiento de un escuálido sistema de educación pública, los recursos de la cooperación se aplican de modo fragmentado y no necesariamente en coordinación con las autoridades del sector educativo y, en ocasiones, los esfuerzos se deciden a favor del sector privado, dada la fragilidad del sistema público.

Los testimonios, datos y opiniones que el documental muestra con toda claridad ponen en evidencia, no solamente la situación específica del sector educación, sino las consecuencias que la ausencia de oportunidades para el ejercicio pleno del derecho a la educación traen en la vida de las personas, sus familias y la sociedad entera. Y ahí están las certezas. Haití pone en evidencia absoluta cómo la ausencia de un sistema de educación pública gratuita y de calidad es una condena a la exclusión de grandes mayorías; es la negación velada pero segura de los sueños de niños, niñas y adolescentes que quieren otra vida y de sus padres, que quisieran también otra vida para sus hijos; es la profundización de un círculo de empobrecimiento cuya ruptura implica un giro absoluto en el enfoque, en el rol del Estado, en la exigencia desde la sociedad, en el horizonte de país.

Y por supuesto, ahí llega la esperanza. Cada opinión, cada análisis, cada denuncia, pero también cada testimonio vital, cada sonrisa amplia y cada mirada luminosa y alegre nos acerca un pueblo digno, reflexivo, poderoso y lúcido, que sabe muy bien cuál es el lugar que ocupa la educación en sus propias vidas, en las de sus hijos y en la posibilidad de otro futuro para el país. El futuro libre, soberano, autónomo y feliz que soñó el pueblo haitiano desde su primera independencia.

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